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sábado, 28 de septiembre de 2013

El Río Alberche por encima de las rodillas.


 Un retraso técnico en la salida, hizo que los grupos A y B esperasen un ratito más para hacer sus respectivas rutas. El grupo B por avería técnica y el grupo A por completar el equipo.

 Al final en coordinación y al unísono, proseguimos nuestras respectivas rutas en la mañana del Domingo.


 Este día nos llevó hasta el Embalse de Picadas por  caminos conocidos por todos, imponiendo un ritmo alegre, para que la larga ruta, no retrasase mucho el regreso.

 Los caminos de Navalcarnero tapizados de parda y amarillenta maleza con algún que otro matorral y planteles de viñedos, eran nuestros guías por las suaves bajadas y terreno de fácil rodaje a esas tempranas horas de la mañana, hasta que nos detuvo en Calalberche el río de su mismo nombre, obligándonos a cruzar este vado andando.


 Tras un largo y ceremonioso "¡por donde cruzamos!" con risas y comentarios de todo tipo se consumió un largo tiempo, que también fue aprovechado para el avituallamiento y descanso.

 JC. Miguel, vino preparado con unas largas bolsas de plástico para usarlas a modo de grandes botas y así impedir descalzarse en el paso del vado elegido, pero... tras la larga preparación de aislamiento e introducirse en las profundas y frescas aguas del río y con la bici acuestas, un acelerón le hizo salir a toda velocidad de la primera parte del cauce, por la total invasión de agua dentro de las dos calzas caseras, dejando la bici entre unos troncos de la orilla.



 Este acto de inundación interior de las calzas caseras, fue el divertimento ocasional del público que en ese vado se congregaba, dándonos a su vez consejo sabio por donde cruzar.


 Al fin cruzamos todos a la otra orilla, y entre bastidores y recomponiendo el vestuario, comentamos los pormenores de la hazaña.




 Frescos y recuperados pusimos rumbo al Embalse de Picadas, en este tramo de la ruta apenas comentamos nada ya que el sostenido ritmo y la ligera ascensión lo impedían.

 Ya en la cumbre y con la presa a nuestra vista, decidimos bajar hasta el hormigón que servía de retención al río, pero, por el lado del desembalse, cuya carretera tiene más porcentaje de inclinación haciendo este pequeño acceso muy interesante y divertido.

 Con una agradable calma y un limpio silencio reinante en esa parte de la presa, volvimos a recuperar las fuerzas, aprovechando para las instantáneas, con otro avituallamiento ofrecido por la Madre Naturaleza que generosamente ponía al alcance de nuestras manos.



  Nuevamente los cinco en ruta con la mente puesta en los caminos de regreso hacia El Álamo, aceleramos un poco la marcha, sin importarnos pasar dificultosas roderas, pedregales y amplios bancales con profunda arena.

 Con este vivo y acalorado rodar, no tardó en llegar el poder de las ruedas de 29", haciendo gala de su contundencia y dominio en estos terrenos, destacando su huida hacia adelante, viendo desde atrás, como poco a poco se alejaban casi sin esfuerzo del grupo.

 El sentido común volvió a reagruparnos haciendo la ruta más llevadera, rodando juntos hasta casa.

 Con más de 70 Km en nuestras piernas, terminamos esta aventura campestre, sentados en torno al refresco bien merecido y mejor tirado por nuestro amigo Antonio del As de Copas.

                                                                Fotos y un vídeo.